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Opinión USTA

Y usted, ¿qué hacía a los trece años?

1. Opinión - Julián BermúdezPor: Julián Bermúdez*, estudiante Facultad de Comunicación Social para la Paz.

Un domingo en mi tiempo de ocio “canaleando” llegué a Win Sports, medio que estaba transmitiendo un partido que no tenía referenciado. El Departamento de Santander se enfrentaba al de Córdoba; lo particular de este partido era el onceno que conformaba cada uno de los equipos, niños que no tenían más de trece años estaban jugando en el campo de fútbol más importante de Medellín, el Estadio Atanasio Girardot.

Yo no sé usted, pero yo a mis trece llegaba con las manos llenas de tierra por estar apostando mis canicas en la calle, empezaba a hablar tímidamente con las niñas del colegio y del barrio, semana a semana medía mi estatura para saber cuántos centímetros había crecido, veía la serie Supercampeones y dedicaba mis fines de semana a jugar campeonatos de fútbol en el barrio, soñando que llegara un cazatalentos para llevarme a un club colombiano.

-Estos pequeños futbolistas deben estar cumpliendo uno de sus sueños- pensé mientras veía los 80 minutos de juego en los que estos chicos no paraban de correr, hacer pases y batallar dentro del campo. Ver estos partidos no genera la pasión como cuando juega nuestra Selección Colombia, pero soy consciente que para estos jóvenes es un paso gigante en la lucha por llegar a ocupar un lugar en un club profesional y por qué no, en un futuro portar con orgullo la casaca tricolor.

Este partido hacía parte del hexagonal final del Campeonato Nacional Infantil organizado por la División Aficionada del Fútbol Colombiano. La fase final la jugaron las selecciones departamentales de Antioquia, Valle, Santander, Córdoba, Risaralda y Magdalena.

Yo, todo un fanático del balompié y con ganas de ver estas jóvenes promesas, seguí observando los demás partidos buscando descifrar quiénes podrían ser los futuros James, Falcao, Ospina, Cuadrado o Murillo.

La magia que estos chicos tienen en sus piernas se hacía notar desde el minuto uno, fintas para pasar a sus contrarios, explosividad en las piernas para correr más que los demás, “taquitos” para hacer pases a sus compañeros, altos saltos para ganar balones en el aire… ahora entiendo porque finalmente no me convertí en un futbolista profesional, me faltó “la garra” que tienen estos jóvenes dentro de la cancha porque no se dejan amilanar por jugar en un campo profesional, por la transmisión de televisión ni mucho menos por la prensa local y la tribuna occidental casi colmada de espectadores. 

Por el contrario, para ellos esta oportunidad es una ventana que puede abrir muchas puertas en el ámbito nacional, bien lo decía un chico pelirrojo portador de la casaca cordobesa entrevistado al final del partido -es una oportunidad para salir en televisión y jugar fútbol-. En sus palabras no estaban las típicas frases “seguimos las indicaciones del profe…”, “es un rival complicado…”, “sabemos que por ahí…”, que dicen los futbolistas cada vez que se les acerca un periodista deportivo. Lo que dicen estos jóvenes está en concordancia con lo que le preguntan, responden con claridad y al final envían saludos a todas las personas de las que han recibido apoyo.

Imagínese usted querido lector la felicidad de los padres y familiares al verlos representar a su departamento; acompañarlos en esos primeros pasos en un campo futbolístico de primer nivel -algo con lo que muchos hombres y mujeres soñamos, pero que solo unos pocos llegan a cumplir- ver los frutos de no solo arduas tardes de entrenamiento, sino grandes esfuerzos por estudiar y entrenar al mismo tiempo.

Se acabó el fútbol infantil dejando como campeón al equipo de Antioquia y como si fuera un equipo de primera división, sacaron sus camisetas negras que decían “Antioquia campeón”. Los del Valle celebraron su segundo puesto como si fueran los campeones, para ellos aplica la célebre frase de Maturana “perder es ganar un poco”, mientras que sus rivales les aplauden y se preparan para subir a la tarima por sus medallas y el reconocimiento del público.

Espero que estas jóvenes promesas del fútbol sigan el camino del deporte, se preparen y mejoren cada vez más sus habilidades; que encuentren el apoyo necesario en ese largo camino para ser futbolistas profesionales; que de los jugadores que ya están en esas ligas aprendan las habilidades dentro del campo de juego, pero reprochen algunas actitudes poco admirables de los mismos.

Yo no sé usted, pero a los trece años esta nueva generación viene con un chip” diferente, muchos de ellos ya cocinan cosas deliciosas, cantan mejor que algunos afamados artistas, pintan lienzos dignos de una galería de arte, o son promesas del deporte, por esto, hago un llamado a los que tengan hijos para que los incentiven y estimulen a prepararse y llegar a ser los mejores en lo que elijan, porque ellos serán decisivos para el futuro y la transformación de nuestro país.

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la Universidad Santo Tomás.

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