Opinión USTA

Un hijo, dos hijos, tal vez tres… por Alexandra Gámez

1. Opinión USTA MAILING - Alexandra GámezPor: Alexandra Gámez, estudiante de séptimo semestre de la Facultad de Comunicación Social para la Paz.

Trasládese 35 años atrás, usted está en la República Popular China, es el Presidente de ese entonces y debe afrontar el siguiente problema: en términos generales su país está superpoblado, no hay comida, no hay trabajo, no hay educación, no hay dinero. La solución: oficialmente se instaura la Política del Hijo Único.

Esta medida, en mi opinión, es un claro ejemplo de una decisión facilista y desesperada de un gobierno inepto y desequilibrado; pues menos gente en el territorio no le asegura el tipo de personas que nacerán, se formarán y dirigirán el país en las próximas generaciones; dicha norma se asemeja más a una acción de protesta y rebeldía contra la naturaleza humana.

En vista de esto, surgió en mí una inevitable comparación entre China y Colombia, obviando sus diferencias culturales y sociales, así como sus incompetentes dirigentes y sistemas de gobierno. En realidad, me llamó la atención la noticia de la eliminación de la mencionada Política del Hijo Único, ya que mientras en China la mayoría de la población rechaza la idea de tener un segundo hijo, argumentado que la vida allí es exageradamente costosa, en Colombia la tasa de natalidad aumenta de forma desproporcionada - por supuesto que nuestra nación también es excesivamente costosa -.

En el país asiático las parejas ya no tienen tiempo para cuidar a su hija o hijo, deben trabajar para pagar una vivienda confortable y el mejor colegio de la ciudad; ya no hay energía, ni tiempo. En el país latinoamericano, las parejas - que a veces ni siquiera eso son - laboran día a día para pagar arriendo, servicios, impuestos… y claro, para darle a sus hijos e hijas - sí, en plural - la mejor educación posible con la esperanza de que en el futuro sean ellos quienes les retribuyan económicamente su energía y tiempo.

En el país oriental se propició el aborto para no infringir la norma y evitar multas de altas sumas de dinero, mientras en el país occidental el aborto, excepto algunos casos ya legalizados, se convirtió en la salida predilecta de quienes no quieren -o no pueden - pagar los métodos anticonceptivos con los que son bombardeos por las propagandas del Gobierno en la televisión.

Sin embargo, no todo son diferencias, en China solo tres cuartas partes de la población cumplen con el precepto: quienes pertenecen a la dinastía, es claro que ellos y ellas tienen más riqueza y poder, ¿cómo pedirles a tan honorables personajes que sacrifiquen a los que prolongarán la supremacía de la familia? En Colombia, el panorama no es tan distinto, en menos de una cuarta parte se concentra la pertenencia de  la tierra y la economía, los cuales representan las cadenas “o leyes” que atan a las tres cuartas partes del país a las que se les imponen las normas en la forma más contradictoria posible.

Entonces, cabe preguntarse, más allá de China y su forma de organización, hasta qué punto llegará nuestro Gobierno el día en el los censos demográficos se pongan en rojo, ¿será que aprovecharán la mano de obra?

 

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la Universidad Santo Tomás.

 

 

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Diego Alonso Cardona Ospina

Coordinador de Comunicaciones Institucionales

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