Opinión USTA

Cese bilateral: entre desafíos y realidades

Especial Paz CesarNinoPor: César Augusto Niño González*, docente y Director del Centro de Investigación de la Facultad de Gobierno y Relaciones Internacionales

El anuncio del cese al fuego bilateral es sin duda un hecho histórico para Colombia. No obstante, el país no tiene un solo conflicto, son varios.

El silenciamiento de los fusiles entre el Gobierno y las Farc es un pequeño paso para acabar con uno de los conflictos y un gran paso para la construcción de una paz estable y duradera. Llegar a puntos de convergencia en materia de negociación demostró, una vez más, que en guerras asimétricas las victorias militares no son de suma cero; es decir, ningún conflicto irregular se ha terminado por superioridad militar.

En ese sentido, es menester advertir que si bien es un paso justo y necesario lo acordado entre el Gobierno y las Farc, la atomización y proliferación de los mercados de la violencia serán los nuevos retos en términos de seguridad en Colombia. Según estudios e investigaciones en materia de seguridad nacional, las relacionadas con las Farc y el ELN, solo representaron, entre los años 2014 y el 2016, el 3% de las muertes violentas en Colombia. La gran pregunta es ¿qué representa el 97% restante? Significa entonces que las Farc dejaron de ser una amenaza latente a la seguridad nacional y ahora son, más bien, un problema.

La preocupación recae sobre los miembros de la guerrilla que se han atomizado, quienes han hecho un corto circuito y no obedecen al mando y control del secretariado en La Habana. Ellos representan un problema emergente, una “Farcrim”. El asunto es cómo combatir desde la convencionalidad un problema no convencional. De tal manera, el éxito del cese al fuego bilateral y del fin del conflicto está en los detalles.

La firma del fin del conflicto armado con las Farc está determinada por retos y desafíos, uno de ellos es el cumplimiento de lo pactado. Independientemente del espectro político que el ciudadano de a pie tenga, las implicaciones de un escenario esperanzador es imperante. Sin embargo se debe caminar con pies de plomo. El primer reto recae en el cumplimiento y verificación del cronograma de la dejación de las armas; el segundo tiene que ver con la arquitectura de las zonas de concentración; el tercero con las garantías de seguridad; el cuarto con la reincorporación progresiva a la vida civil; el quinto con la construcción de memorias históricas, porque son varias; el sexto gira en torno a que habrá que ponerle fecha de caducidad al posconflicto, y, por supuesto, en todos estos, los dispositivos de acompañamiento internacional serán trascendentales.

En efecto el desafío más apremiante será para la sociedad en su conjunto. Tenemos que dejar de pensar en dos dimensiones, amigo y enemigo, asociar izquierda como sinónimo de guerrilla o derecha como de paramilitarismo, respetar la fila del banco, o incluso el microconflicto armado entre taxistas y Uber. Ahí la verdadera construcción sostenida de un escenario transformado en Colombia. De tal manera Borges aludió a que ser colombiano es un acto de fe.

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la Universidad Santo Tomás.

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